martes, 27 de mayo de 2014

Donde hay educación no hay distinción de clases.

Sin más que unas cuantas monedas en el bolsillo, por cierto de 10 ctvs., Amparo toma el bus a eso de las 5:30 am. En la estación esperan, al igual que ella, unas 20 personas, el bus llega casi lleno en su totalidad y deben, no por su gusto sino por la necesidad, abordarlo.

Casi a revalsar el bus emprende su recorrido, muchos ya no logran si quiera llegar a la máquina de cobro, se cuelgan de los barrotes de la entrada, simplemente para llegar a sus trabajos, mal pagados y explotados. 

Esa la vida del salvadoreño de clase promedio, una lucha constante para subsistir. Ella (Amparo) es el fiel reflejo de las miles de mujeres que trabajan en las maquilas con turnos extenuantes y muy poca paga, no obstante, debe de trabajar para pagar los elevados gastos de la energía eléctrica, agua y por supuesto la cuota de la casa; dada para 25 años plazo.

Entre mas se conoce de la laboriosidad del pueblo salvadoreño, se van conociendo las falencias en temas económicos, en temas de desarrollo social y sobre todo en temas de educación. Como diría Confusio: Donde hay educación no hay distinción de clases.

En esa frase se resume un sin número de paradigmas acerca de las clases sociales y su lucha y 
de existir los canales de superación en materia de educación se tendrían mayor inversión, por ejemplo:

1- Por la mano calificada para desarrollar trabajos que requieran mas proceso intelectual o académico.

2- Al existir una educación homogénea la misma población conocería mejor los deberes y derechos que se deben cumplir.

3-  Se evita una serie de problemas estructurales, tales como la violencia y los problemas de seguridad.

Con estos tres enunciados, que no dejan de ser utópicos, la sociedad fuera a paso lento subsanando los problemas económicos. Sin embargo y pese al poco esfuerzo realizado hasta hoy, existen mecanismos que todavía funcionan; uno de ellos debe ser la familia como eje fundamental para el desarrollo del individuo.

Al revisar el tema de la familia se desvela un problema alarmante, por cada hogar en las colonias de clase media baja, existen de 3 a 4 niños de los cuales 1 no ira a la escuela por la falta de ingresos.
Eso se traduce en un posible estancamiento en la economía familiar. Por un lado no se cubren todos los gastos de la familia per-se, sobre todo si la familia es sostenida por dos personas que trabajan en maquila.

Para terminar este pequeño análisis de la problemática económica en la familias de escasos recursos, de existir voluntad y se invirtiera en materia de educación (sexual, académica) se tendría cambios substanciales a corto y mediano plazo.
 


 


Producto político incompleto.

Cuando se habla de política, se habla de una serie de curiosidades; algunos -incluso- la llaman locura. En especial cuando los que menos tienen incursionan en este mundo de intrigas y reproches constantes.

Queda claro que al ingresar a este mundo cambia la perspectiva pública. Los vecinos ya no te ven como un igual y lejos de mostrarse amigables hacia ese cambio hay una condena  constante sobre las decisiones tomadas. Ese juicio casi lapidante de la opinión pública tiene a su base una serie de ingredientes culturales.

El salvadoreño por naturaleza siempre tendrá ese sentido de respeto a los que tienen más y al que sube de estrato social lo miran con recelo, en especial aquel que sube por medio de la política.

Por ello al ver a un gobierno de izquierda por primera vez en la historia de El Salvador resulta una piedra enorme en los zapatos de la clase media, no es por la línea de pensamiento, sino por quien está en el escaño del ejecutivo: uno de los suyos.

Es quizá el odio más generalizado nunca antes visto, dejando claro que gran parte de la población tiene un odio enfermizo acerca de la gestión del actual presidente. Es un odio cultural que es representado por este personaje, es decir la clase media espero que ese representante fuera un poco más apegado a los principios básicos de la objetividad y del respeto a los ideales que profeso cuando aún era candidato.

No es necesario ser analista para darse cuenta que ese odio palpable en las redes sociales obedece a una gestión mediocre hacia la clase media, que actualmente está estancada sin ninguna posibilidad de crecimiento y de existir alguna chance es por medio de la política.

En pocas palabras, los discursos de Funes no concuerdan con la realidad del país sobre todo en materia de seguridad. Lo llaman bocon, berrinchudo, confrontativo, busca pleitos por decir algunos adjetivos.

Incluso ha habido una especie pensamiento común entre las clases bajas y altas, hasta citan las mismas palabras;  y es que es un odio generalizado. Todos esperaban mas del primer presidente de izquierda, al final sus mismas acciones impulsivas botaron la poca credibilidad de lo poco o nada que hizo en su gestión.