martes, 27 de mayo de 2014

Producto político incompleto.

Cuando se habla de política, se habla de una serie de curiosidades; algunos -incluso- la llaman locura. En especial cuando los que menos tienen incursionan en este mundo de intrigas y reproches constantes.

Queda claro que al ingresar a este mundo cambia la perspectiva pública. Los vecinos ya no te ven como un igual y lejos de mostrarse amigables hacia ese cambio hay una condena  constante sobre las decisiones tomadas. Ese juicio casi lapidante de la opinión pública tiene a su base una serie de ingredientes culturales.

El salvadoreño por naturaleza siempre tendrá ese sentido de respeto a los que tienen más y al que sube de estrato social lo miran con recelo, en especial aquel que sube por medio de la política.

Por ello al ver a un gobierno de izquierda por primera vez en la historia de El Salvador resulta una piedra enorme en los zapatos de la clase media, no es por la línea de pensamiento, sino por quien está en el escaño del ejecutivo: uno de los suyos.

Es quizá el odio más generalizado nunca antes visto, dejando claro que gran parte de la población tiene un odio enfermizo acerca de la gestión del actual presidente. Es un odio cultural que es representado por este personaje, es decir la clase media espero que ese representante fuera un poco más apegado a los principios básicos de la objetividad y del respeto a los ideales que profeso cuando aún era candidato.

No es necesario ser analista para darse cuenta que ese odio palpable en las redes sociales obedece a una gestión mediocre hacia la clase media, que actualmente está estancada sin ninguna posibilidad de crecimiento y de existir alguna chance es por medio de la política.

En pocas palabras, los discursos de Funes no concuerdan con la realidad del país sobre todo en materia de seguridad. Lo llaman bocon, berrinchudo, confrontativo, busca pleitos por decir algunos adjetivos.

Incluso ha habido una especie pensamiento común entre las clases bajas y altas, hasta citan las mismas palabras;  y es que es un odio generalizado. Todos esperaban mas del primer presidente de izquierda, al final sus mismas acciones impulsivas botaron la poca credibilidad de lo poco o nada que hizo en su gestión. 

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