Cuando se habla de política, se habla de una serie de curiosidades; algunos
-incluso- la llaman locura. En especial cuando los que menos tienen incursionan
en este mundo de intrigas y reproches constantes.
Queda claro que al ingresar a este mundo cambia la perspectiva pública. Los vecinos
ya no te ven como un igual y lejos de mostrarse amigables hacia ese cambio hay
una condena constante sobre las
decisiones tomadas. Ese juicio casi lapidante de la opinión pública tiene a su
base una serie de ingredientes culturales.
El salvadoreño por naturaleza siempre tendrá ese sentido de respeto a los
que tienen más y al que sube de estrato social lo miran con recelo, en especial
aquel que sube por medio de la política.
Por ello al ver a un gobierno de izquierda por primera vez en la historia de
El Salvador resulta una piedra enorme en los zapatos de la clase media, no es
por la línea de pensamiento, sino por quien está en el escaño del ejecutivo:
uno de los suyos.
Es quizá el odio más generalizado nunca antes visto, dejando claro que gran
parte de la población tiene un odio enfermizo acerca de la gestión del actual
presidente. Es un odio cultural que es representado por este personaje, es
decir la clase media espero que ese representante fuera un poco más apegado a
los principios básicos de la objetividad y del respeto a los ideales que profeso
cuando aún era candidato.
No es necesario ser analista para darse cuenta que ese odio palpable en las
redes sociales obedece a una gestión mediocre hacia la clase media, que
actualmente está estancada sin ninguna posibilidad de crecimiento y de existir
alguna chance es por medio de la política.
En pocas palabras, los discursos de Funes no concuerdan con la realidad del país
sobre todo en materia de seguridad. Lo llaman bocon, berrinchudo, confrontativo,
busca pleitos por decir algunos adjetivos.
Incluso ha
habido una especie pensamiento común entre las clases bajas y altas,
hasta citan las mismas palabras; y es que es un odio generalizado.
Todos esperaban mas del primer presidente de izquierda, al final sus
mismas acciones impulsivas botaron la poca credibilidad de lo poco o
nada que hizo en su gestión.
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